«No le digas a mi madre que soy periodista, ella cree que toco el piano en un burdel», reza la célebre cita que se le atribuye al escritor y periodista Tom Wolfe. Más delicada es la tesitura de quienes deben contarle a sus allegados que se dedican a la pornografía. De hecho, una inmensa mayoría siente recelo e, incluso, miedo a sufrir el rechazo de sus familiares, amigos o compañeros sentimentales.

«Soy actriz porno. Pero además soy hija, soy hermana, soy prima, soy sobrina… soy una persona»

—Sandra, alias “Susy Blue”

Así comienza el primer vídeo que Sandra publicó en YouTube, en octubre de 2016. Ahora tiene 22 años y lleva dos en la industria, donde es mejor conocida como “Susy Blue” o la “novia de Torbe”. Cuando se arriesgó a contarle a sus padres a qué se dedicaba, ellos dieron por supuesto que se estaban aprovechando de ella: «Todo cambió radicalmente. Tenía una amiga del cole, de toda la vida, que me dejó de hablar. Gente con la que salía de fiesta voló, ya no me conocen».

Resulta frecuente que el primer juicio moral provenga del entorno más cercano. Así lo suscribe Silvia Rubí (31), que trabaja desde 2006 y fue galardonada, diez años después, con el equivalente al Goya a “Mejor Actriz” en la industria del entretenimiento para adultos. «Mi madre puso el santo en el cielo y a mi hermano, que es mayor que yo, no le hacía mucha gracia». A día de hoy, resulta inevitable preguntarse: ¿Habrían reaccionado igual si Silvia o Sandra hubieran sido varones?

«Imagina que tuvieras una hermana», pedimos a David, alias “El Moreno”, ex-actor director y productor en FAKings. «¿Crees que tus padres se lo habrían tomado con tanta diplomacia?». «No», contesta. «Imposible». El madrileño explica que sus progenitores «respetaron su decisión» porque sabían que tenía «las ideas muy claras» pero que, a pesar de ser «muy modernos», no se lo habrían tomado de igual forma con una mujer. Y, mientras que la vida de Sandra dio un giro de 360º, en la de David «no cambió nada».

Los padres de Víctor (20), «no lo aprobaron de primeras, aunque se dieron cuenta de que, al fin y al cabo, era un trabajo». Lleva en esto 6 meses, los mismos que Jaime (20) y Alejandro (30) –alias “Snake Tatoo”–, quienes aún no han podido reunir las fuerzas necesarias como para contárselo a sus madres. En cambio, comenta el segundo, entre sus allegados «todo el mundo lo sabe y sin problema».

No obstante, las relaciones de Silvia se deterioraron ya que «cuando salíamos, mis amigos trataban de defenderme constantemente ante comentarios (ofensivos) de desconocidos». Tuvo que reunirse con ellos para calmar los ánimos y advertirles de que «estaban entrando en un juego absurdo. Les dije: “Chicos, esa gente no me conoce, no importa que me insulten”». Todavía lo revive como una serie de situaciones «humillantes».

Además de aspirante a actor, Alejandro es la imagen de una conocida terraza situada en la madrileña estación de Chamartín donde, tanto sus compañeros de trabajo como sus superiores, saben a qué dedica las horas libres. “Susy Blue” también trabaja en un restaurante, aunque allí únicamente la conocen por el nombre que reza el anverso de su DNI: «Tengo que ocultar mi otra faceta porque, si no, me echan».

«La gente continúa teniendo una doble moral para este tipo de cosas», afirma Lara Tinelli. Hace 6 años que esta actriz argentina creó su propia productora de cine X y dirige películas desde 2014, ámbito en el que ha sido profusamente premiada. Lara revela que tiene reparos para hablar de su profesión abiertamente: «Temes que los hombres te hagan “proposiciones”. Además, siempre se refieren a mí como actriz, ni se imaginan que pueda tener una empresa».

El hombre es ensalzado porque cumple con el mandato de la masculinidad, vinculado a tener una sexualidad muy activa»

Beatriz Raena, técnica de la Federación de Mujeres Progresistas, cree importante «adoptar una perspectiva de género» capaz de mostrar la diferencia de trato hacia un hombre y una mujer, aunque ambos se dediquen a crear contenido erótico. Cierto es que tanto unos como otros sufren el estigma de pertenecer a ese “mundo oscuro”, sin embargo, ellas sufren un estigma doble porque además de actrices, son mujeres. «El hombre es ensalzado porque cumple el “mandato de la masculinidad” vinculado a tener una sexualidad muy activa; mientras que la mujer está “marcada”».

Para Amarna Miller (28), ex-actriz, lo peor de haberse dedicado a la pornografía, es esa “marca”. «Ni el trabajo precario, ni la lucha constante por que las compañías o los agentes no se aprovechen de ti, ni los contratos abusivos hacen sombra a tener que enfrentarte cada día a tener una letra escarlata grabada en la frente que dice: “me he dedicado al porno”», se sinceró, en una entrevista concedida a La Razón.

Quienes sufren el rechazo de su entorno más cercano pueden terminar por alejarse de todo cuanto les rodea. Si el círculo de repulsa se expande hasta comprender a una parte significativa de la sociedad, esta sensación de “desconexión”, a la larga, puede causar problemas más severos como depresión, relaciones negativas y, en casos más graves, ideas suicidas. En España, por el momento, no se han registrado casos de actrices que hayan terminado con su vida aunque, según asegura Silvia Rubí, «vivimos un acoso y derribo permanente».