«Muchos hombres han hecho carrera en el porno, mientras las mujeres son desechadas por un mercado que funciona de manera similar al de la prostitución», expone la técnica de Investigación Social de la Federación de Mujeres ProgresistasBeatriz Ranea, quien concluye: «En el porno, las mujeres tienen valor cuando son “mercancía” novedosa».

¿Es cierto que una actriz tiene las escenas contadas? ¿Cuánto cobran por rodaje? ¿Cuáles son las condiciones laborales de las productoras más conocidas de España?

A sus 54 años, el “semental italiano” Rocco Siffredi ha participado en más de 1.600 títulos y ha compartido más de 4.000 compañeras. Su discípulo es español, tiene 44 años y se llama Nacho Vidal. El archiconocido actor ha protagonizado cerca de 600 películas y se ha acostado con más de 3.000 mujeres. A Jordi “El niño polla” le consideran su sucesor: con sólo 23 años tiene 2.553.089 de suscriptores en su canal de YouTube y, en uno de sus vídeos, fijó sus ganancias entre 600 y 1.800 dólares diarios. No son tan populares como las grandes estrellas de Hollywood, pero son algunos de los rostros más reconocidos de una industria multimillonaria. Y todos, masculinos. 

Actores de referencia y actrices que van “rotando”. Así es como funciona la productora española PutaLocura, creada en 1999 por Ignacio Allende Fernández, más conocido como “Torbe”. Este productor, actor y director suele aparecer en la inmensa mayoría de sus vídeos, mientras que sus compañeras femeninas nunca repiten. “Susy Blue” lo sabe bien y advierte de la situación: «chica que se mete aquí, chica que sabe que tiene las escenas contadas».

En PutaLocura «no pagan bien, no hay garantías, no hay nada: ni analíticas, ni contratos». El modus operandi consistía en ofrecer contratos mercantiles. En nuestro país, para que este tipo de convenio laboral tenga validez, el firmante debe estar dado de alta como autónomo y «nadie hacía tal cosa, ni te lo exigían»; esta situación supone la nulidad del contrato y cobrar en “B”. En palabras de Sandra, una actriz en la citada empresa puede ganar entre 75 y 200 euros por escena y así «no salen las cuentas». «Pagar autónomos es perder dinero», defiende.

Condiciones laborales

A pesar de mostrarse crítica con la promotora que vio nacer a su alter ego, en cuanto a condiciones laborales Sandra defiende la existencia de un «amplio espectro» con dos extremos: uno puede encajar con los principales estereotipos sobre la pornografía; el otro puede no tener nada que ver; todo depende de la productora. Para la actriz, el problema radica en que «al ser un mundo tan desconocido, no sabes dónde te estás metiendo hasta que no estás dentro».

No obstante, no todas las productoras funcionan como describe Sandra. En compañías como la española FAKings, el alta como autónomo es obligatoria y las analíticas médicas corren a cargo de la empresa. De hecho, fue uno de sus colaboradores, el exactor y director porno David ‘El Moreno’, el que creó el primer convenio de salud en 2008. “Antes cada uno iba a una clínica distinta, había falsificaciones, había una desigualdad en lo que tú garantizabas de seguridad. Yo fui con una clínica muy importante y creamos un convenio. Ahora todo el mundo tiene un buen precio. Nos miramos enfermedades y hay que hacerlo como máximo cada mes.”

Normalmente, el “salario mínimo” son 200 euros. Para inflar esta cifra, es necesario realizar prácticas sexuales fuera de lo convencional. «Yo lo máximo que he cobrado por una escena fueron 900», señala Sandra. Se trataba de BDSM y debía ejercer el papel de sumisa ante una “ama” y dos actores más. «El rodaje duró todo el día y era… “fuerte”. Hubo mucha vergüenza psicológica, de la de que te llamen “puta”». Asegura que en ese momento debes «ser muy consciente de que estás trabajando» y de que «si no quieres, no lo haces».

«Al principio es muy fácil ganar dinero», asegura Silvia Rubí, «cuando empiezas todo el mundo quiere grabar con “la nueva”». Algunas de sus primeras escenas consistieron en ser el centro de varios gang bangs: «Los actores se corrían y me penetraban por turnos. En el primero creo que había ocho hombres; al día siguiente rodaba con 15». Aunque asegura que fue consentido y que quería «probar y experimentar», hoy por hoy esta pornstar no está «interesada» en participar en este tipo de prácticas.

«Es cierto, al principio una mujer se hincha a trabajar» subraya David ‘El Moreno’ «pero luego, si es bueno, el hombre se consagra y gana mucho más. Además, podemos rodar hasta los 45 años y las mujeres no». Silvia, sin embargo, desmiente esta afirmación: «Yo creo que se puede seguir todo lo que se quiera, aunque a los 30 ya te ponen la etiqueta de “MILF”…».

En este sentido, también reivindica que ni los medios de comunicación ni la sociedad «preguntan a los chicos “¿qué vas a hacer cuando te retires?” porque se da por sentado que durarán mucho más que nosotras». Corrobora que los hombres cobran menos cuando se inician, pero tienden a poder trabajar de manera más continuada porque su atractivo físico tiene menor importancia y «hay menos actores».

Contra el «modelo de “niña nueva” que entra, está un par de años y no le llaman más», Silvia apunta que las actrices están escogiendo otros caminos «más enfocados en dirigir o producir». Así como ocurre con el convencional, «el cine para adultos necesita más mujeres en la parte técnica» pero, sobre todo, «deberían dejarnos la oportunidad a las mujeres de enseñar nuestra forma de ver las cosas», concluye la actriz.