La piratería, nuevas plataformas de difusión gratuitas y un aumento exponencial de aspirantes y webcamers han golpeado el sector. Cada vez más, los actores y actrices encuentran dificultades para ingresar dinero con regularidad y estos vaivenes causan profundos vacíos en los intervalos sin contrato. A ello se unen otros factores de estrés psicológico como el estigma social, agudizado por el acoso de sus seguidores o detractores por redes sociales.

«Todos estamos esperando a que te tomes tu pastilla de cianuro»

—Uno de los tuits que recibió la actriz porno August Ames, días antes de quitarse la vida.

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En 2017, cada día 81 millones de personas se conectaron a PornHub, una de las páginas web de pornografía más populares del mundo. Esto supone casi tres millones de visitantes a la hora y 44.000 en el minuto que ha tardado en leer estas líneas. Se trata de un nivel de tráfico colosal, que explica tanto la cantidad de dinero que mueve esta industria millonaria como la presión que sufren las actrices y actores que se dedican a ella.

Echando un rápido vistazo a redes sociales como Facebook o Twitter, podemos hacernos una idea del grado de ciberacoso que sufren las actrices del cine para adultos por parte de sus seguidores y detractores. August Ames recibió miles de tuits incendiarios tras afirmar que no estaría dispuesta a rodar una escena pornográfica con un actor homosexual. Días después de que el incendio se desatara en la red de microblogging, esta estrella del porno se ahorcó en un parque público.

Lara Tinelli se siente afortunada. La argentina define a sus seguidores como «buenos fans». No obstante, confiesa que algunos de sus admiradores le envían mensajes, tanto públicos como privados, para elogiar su trabajo. «Cuando se lo agradezco, los comentarios se vuelven “desagradables”» y «en ocasiones hacen daño, especialmente en momentos sensibles».

Asimismo, la actriz y directora pone de manifiesto la «hipocresía» de los consumidores. Denuncia que tienen doble moral: «Seguro que si un seguidor me manda un mensaje por una red social, diciéndome qué guapa que estoy, y luego nos encontramos en el mismo restaurante, a dos sillas, no se levantará porque su moral no se lo permite

A Silvia, en cambio, se le acercan constantemente, incluso en momentos de su vida privada: en «reuniones», cuando ha «salido a tomar algo» con amigos… «Les da igual, se acercan y, por si alguien del grupo no lo sabía, ya se ha enterado». Algunas veces, su cometido no es sólo saludar o hacerse una selfie; «hay una retahíla de preguntas que son siempre las mismas: ¿Cómo lo lleva tu novio? ¿Es difícil tener pareja? ¿Cómo pueden aguantar tanto los actores?». Al final, pone los ojos en blanco.

«El problema es que hay muchos chicos que quieren tener algo contigo y se encubren con preguntas de este tipo», señala Lara. «Y no soy todo el día una pornstar. También soy fisioterapeuta. Soy una mujer que lleva una empresa, soy una mujer que lleva una casa. Tengo mi vida personal. Hay reglas de vida». Silvia lo subraya: «Mi vida no es una película. Hay hombres que me han llegado a preguntar, con un poquito de victimismo, además: “¿Por qué en una película no te pones condón y conmigo sí?”. Pues porque decido que no». Y esto, es sólo un ejemplo de que «las personas no ven más allá de lo que es la escena. ¿Creen que vivimos “a tope”? Pues no».

Cristina López del Burgo, doctora experta en Sexología e Investigadora en el Proyecto Educación de la afectividad y sexualidad humana del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, cree que «es esperable que si lo que transmite la pornografía es una cosificación de la mujer y la necesidad de ser violento en las relaciones sexuales, la apreciación que tendrán los consumidores sobre las actrices será así».

Lo cierto es que su trabajo las mantiene constantemente en el foco mediático y llega a afectarles tanto como en lo que se refiere al “autoconcepto” de sí mismas, como en el de los demás. «Ver a las personas como meros vehículos para el placer y no como una entidad completa» influye según Alejandro Villena, coordinador de la Unidad de Sexología Clínica y Salud Sexual de la consulta Dr. Carlos Chiclana y miembro del equipo de Asesoramiento Clínico de la asociación Dale una Vuelta. «Si ya se cosifica a las mujeres, más aún a las que actúan, llegando a pensar que cualquier cosa se puede conseguir para tener sexo y que se puede utilizar a estas personas para saciar cualquier fantasía, sin tener en cuenta su deseo, su persona o su consentimiento».