Para entender mejor el funcionamiento de la industria pornográfica, los estigmas que arrastra y sus efectos sociales, es necesario poner el foco en el consumidor y entender sus hábitos, sus demandas y su percepción del mundo erótico. Para ello, hemos realizado una encuesta sobre consumo de porno. 737 personas han contestado. 

¿Quién ha contestado?

Al ser un formulario abierto, su participación es voluntaria, por lo que es importante conocer quién se ha interesado por rellenarlo.infografía (2)

La mayoría de las personas que han contestado a la encuesta son mujeres, en un 55,2% de los casos. Las edades de los encuestados comprenden desde los 17 a los 60 años, pero el rango mayoritario se sitúa entre los 18 y los 30, siendo 21 la edad más común.

La nacionalidad predominante entre las respuestas es la española, aunque también hay encuestados procedentes de Perú (tres respuestas), Francia (tres respuestas) y Colombia (dos respuestas), entre otros países.

Las personas con grado universitario son las que más se han interesado por rellenar este formulario (65,2%), seguidas de los graduados en Bachiller (14,3%) y los técnicos de grado medio o superior (12,8%). Tan sólo un 5,6% de las respuestas provienen de personas con la Educación Secundario Obligatoria.

¿Cuánto porno ven?

De entre los encuestados, un 93,4% reconocen haber visto porno alguna vez. Sin embargo, si atendemos al consumo reiterado, la cifra de personas que ven porno habitualmente desciende hasta el 63,9%.

Si atendemos al papel que el porno ejerce en la sexualidad, vemos cómo en un 32,5% de los casos sirvió como medio educativo en las primeras tomas de contacto con el sexo.

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El porno vuelve a aparecer como inspiración ocasional en la vida sexual del 45,6% de los encuestados, y de manera reiterada en un 6,1% de los casos.

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El porno continúa siendo tabú

A pesar de que la inmensa mayoría de las personas reconocen haber visto películas X alguna vez, encontramos que no todos hablan con total libertad sobre ello. De hecho, sólo un 38,6% de los encuestados charlarían con cualquier persona sobre porno frente al 61,4% que muestra reparos.

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Para entender mejor la magnitud del estigma, se debe colocar al consumidor en la posición del ejecutor, es decir, de los actores y actrices pornográficos. Por ello, se ha preguntado a los encuestados acerca de sus opiniones sobre esta profesión.

Un 51,6% de las personas consultadas afirman no haberse planteado nunca ser actores o actrices porno porque les disgusta este oficio, mientras que el 24,1% de los encuestados han preferido no contestar a esta pregunta. De entre las personas dispuestas a dedicarse al porno, el motivo mayoritario para hacerlo sería por motivos económicos (5,5%).

Es una profesión que te expone demasiado. Después de hacer porno se te cierran muchas puertas de contratación”

Una de las razones que más se repiten para rechazar la profesión de actor o actriz porno es el machismo imperante en esta industria. «A pesar de “intentar” ver porno me sigue pareciendo una práctica machista, que se beneficia de las mujeres que se dedican a ello y que fomenta la violencia hacia ellas», contesta uno de los encuestados. 

Otro motivo común es la estigmatización que acarrea: «Es una profesión que te expone demasiado. Después de hacer porno se te cierran muchas puertas de contratación», afirma una respuesta. «No me compensa el precio con la carga» se asegura en otra.

La mayoría de los que están dispuestos a dedicarse al cine para adultos abogan por crear un modelo alternativo. «Me gusta desinhibir la sexualidad, sobre todo la mía», reflexiona uno. «Me parece necesaria una alternativa al porno mainstream y estaría encantado de participar en ella».

¿Se sienten reflejados?

Uno de los principales problemas del porno, según los expertos, es que refleja el sexo de manera poco realista, lo que puede llevar a que sus consumidores adquieran una visión distorsionada y errónea de lo que son las relaciones sexuales. Por otro lado, esto provoca el rechazo de gran parte de la población, al no verse representada en las películas eróticas. Nuestra encuesta refleja esta realidad, al indicar que el 94% de los encuestados no se sienten identificados con lo que ven en el porno.

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Las mayoría de las respuestas también consideran que la industria erótica es machista (81,9%), y creen que debería ser regulada (74,8%). Los encuestados demandan un tipo de porno diferente, ya que el 61,8% estaría dispuesto a consumir porno feminista, frente al 11,7% que lo rechaza.

Encontramos una contradicción en que el 39,1% de las personas consultadas entienden la necesidad de pagar por disfrutar de contenido erótico, pero sólo un 7,5% lo haría. Estas cifras son muy significativas, ya que reflejan uno de los principales problemas para la industria pornográfica alternativa: la falta de demanda.

Conclusiones finales

Del formulario expuesto se desprende que, aunque el consumo de porno está generalizado en la sociedad española, la mayoría de las personas no se sienten identificadas con él, y abogan por un cambio. A pesar de ello, las respuestas también revelan que la visualización de pornografía cada vez se produce antes (a los 12 años), y que muchas personas recurrieron a él como fuente educativa en su sexualidad. Sin embargo, el porno es una conversación que todavía cuesta mantener en determinados ámbitos, y la profesión pornográfica sigue generando reparos.

 

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