Cinco casos en 70 días. Olivia Lua, de 23 años, murió el 18 de enero por la ingesta de una mezcla de alcohol y pastillas; Olivia Nova, tres años menor, falleció el 7 de enero a causa de una sepsis; August Ames se ahorcó el 6 de diciembre tras ser acusada de homofobia por redes sociales; Yuri Luv murió días antes, por una sobredosis de píldoras. Meses atrás, en julio, se había suicidado January Seraph, que padecía una severa depresión. ¿El nexo común? Todas ellas eran estrellas del porno o jóvenes promesas de la industria estadounidense, víctimas de miedos y presiones. Fue esta oleada de tragedias la que sembró una inquietud en nosotras: ¿Qué factores de estrés psicológico conlleva trabajar para este sector en España? A través de este reportaje, abrimos la puerta que separa la fantasía erótica de la vida real de los intérpretes.

 

Salir del armario del porno

«No le digas a mi madre que soy periodista, ella cree que toco el piano en un burdel», reza la célebre cita que se le atribuye al escritor y periodista Tom Wolfe. Más delicada es la tesitura de quienes deben contarle a sus allegados que se dedican a la pornografía. De hecho, una inmensa mayoría siente recelo e, incluso, miedo a sufrir el rechazo de sus familiares, amigos o compañeros sentimentales.

«Soy actriz porno. Pero además soy hija, soy hermana, soy prima, soy sobrina… soy una persona»

—Sandra, alias “Susy Blue”

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La industria: «En el porno, las mujeres tienen valor cuando son “mercancía” novedosa»

«Muchos hombres han hecho carrera en el porno, mientras las mujeres son desechadas por un mercado que funciona de manera similar al de la prostitución», expone la técnica de Investigación Social de la Federación de Mujeres ProgresistasBeatriz Ranea, quien concluye: «En el porno, las mujeres tienen valor cuando son “mercancía” novedosa».

¿Es cierto que una actriz tiene las escenas contadas? ¿Cuánto cobran por rodaje? ¿Cuáles son las condiciones laborales de las productoras más conocidas de España?

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El estigma: Fanáticos, “haters” y desentendidos

La piratería, nuevas plataformas de difusión gratuitas y un aumento exponencial de aspirantes y webcamers han golpeado el sector. Cada vez más, los actores y actrices encuentran dificultades para ingresar dinero con regularidad y estos vaivenes causan profundos vacíos en los intervalos sin contrato. A ello se unen otros factores de estrés psicológico como el estigma social, agudizado por el acoso de sus seguidores o detractores por redes sociales.

«Todos estamos esperando a que te tomes tu pastilla de cianuro»

—Uno de los tuits que recibió la actriz porno August Ames, días antes de quitarse la vida.

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